jueves, 14 de febrero de 2013

Amores "de película"

San Valentín es un día, como diría Eros Ramazzotti, "dedicado para los que están... enamorados". Me imagino como habrá sido la mañana en los institutos, por ejemplo. Recuerdo que alguien se encargaba de ir repartiendo rosas blancas y rojas de aula en aula y siempre había nervios y expectativas. ¿Nunca os habéis mandado rosas entre las amigas de una clase a otra?, era muy divertido y además llegabas contenta a casa con tu flor en la mano. Mi madre hacía cábalas pensando que tenía un pretendiente o algo así.

Ahora, que hemos madurado, la cosa ha cambiado bastante. Como diría Rose, el personaje que interpreta Barbra Streisand en la película El amor tiene dos caras, "Yo creo en el amor, la lujuria y el sexo, y en el romanticismo. No quiero que todo cuadre como en una ecuación perfecta. Quiero desorden y caos. Quiero que alguien se vuelva loco y pierda la cabeza por mí. Quiero sentir pasión, ardor y sudor, y locura. Quiero San Valentín y a Cupido y todo ese rollo. ¡Lo quiero todo!".

Y, en el fondo, aunque no se confiese en público, ¿quién no quiere todo eso?. Qué chica no sueña con tener un momento parecido al que vivió Debra Winger, cuando Richard Gere se la lleva en brazos al final de Oficial y Caballero. Quién no espera una confesión de amor como la que Julia Roberts le hace también a Gere en Novia a la fuga, cuando le dice: "Te garantizo que habrá épocas difíciles y te garantizo que en algún momento uno de los dos o los dos querremos dejarlo todo, pero también te garantizo que si no te pido que seas mío, me arrepentiré durante el resto de mi vida porque sé, en lo más profundo de mi ser, que estás hecho para mí".


Porque "el amor es como el viento, no podemos verlo pero si sentirlo" (Mandy Moore, Un paseo para recordar) y porque sentimos miedo cuando nos enamoramos, como dice Jennifer Grey en Dirty Dancing : "Tengo miedo de lo que vi, de lo que hice, de lo que soy, pero sobretodo tengo miedo de salir de esta habitación y no volver a sentir nunca lo que siento estando contigo". Todo el mundo ansía encontrar a su media naranja y poder decirle "Tú me completas", como Tom Cruise a Renée Zellweger en la película Jerry Maguire.

Los guiones de las comedias románticas se escriben con el propósito de hacer volar los sentimientos, de reflejar muchas veces lo que secretamente buscamos en nuestras vidas. Con el cuerpo pegado al asiento, nos metemos en la piel de los protagonistas y vivimos intensamente cada secuencia. Mientras estamos en el cine siguiendo al dedillo la trama, nos sumergimos en los detalles, nos volvemos empáticos, sufrimos y nos alegramos con los personajes, pensamos en lo guapo que es el protagonista, en cómo actúan, hasta llegamos a preguntarnos, en ocasiones, si durante el rodaje la realidad superó la ficción y los actores se enamoraron en la vida real. Y hasta que llega el momento de hallar en google la respuesta a tu pregunta, no se desvanece la esperanza de que siguen juntos y tan felices.

Aunque seamos conscientes de que las historias que cuentan en las películas son demasiado perfectas, demasiado idílicas, nos encantan, porque quisieramos que algo así nos ocurriera en la realidad, pero sobretodo porque disfrutamos con el mero hecho de saber que la protagonista se ha quedado con el chico y de que fueron felices por siempre jamás. Lloramos cuando las dejan plantadas o cuando el prota intenta convencerla de que ella es su excepción, como en Qué les pasa a los hombres. Sabemos que la realidad es más complicada, pero nos sumergimos tanto en los "momentos cucos" que todo de repente parece sencillo  y por arte de magia creemos que todo es posible.




Otras veces, es el desamor el hilo conductor de la historia. Si no nos vemos correspondidos en el amor, nos puede pasar lo que a Kate Winstley en esa gran película, The Holiday. Durante una cena, el entrañable guionista que se hace amigo de ella, interpretado por Eli Wallach, le intenta abrir los ojos y le dice que, "en las películas están la protagonista y las amigas de la chica, tú eres la protagonista de tu vida pero no sé por qué te empeñas en ser la amiga de la chica".

A veces, alguna que otra noche, hemos querido "escribir los versos más tristes", como Neruda, o nos hemos ilusionado por cualquier tontería como Bécquer cuando escribió "hoy la he visto, la he visto y me ha mirado, hoy creo en Dios". Y es que, ya lo dijo Lope de Vega, cuando amamos de verdad "damos la vida y el alma a un desengaño, esto es amor, quién lo probó, lo sabe".

Y si queréis aprovechar esta noche para ver El Diario de Noa con vuestra pareja, disfrutar de una cena romántica a la luz de las velas con las canciones de Luis Miguel de fondo o escribirle un poema a la persona que amais, no hagais caso a los que os llamen cursis o a los que digan que el día de los enamorados es una celebración absurda. Todos al final queremos enamorarnos y escribir nuestro propio guión de película. 

PD: Hasta nuestro salón puede ser la terraza del Empire State Building con nuestro Tom Hanks particular.


Feliz Día de San Valentín




THE END
 









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