viernes, 4 de marzo de 2016

Salvemos la pasarela


Este post iba a ser una continuación de uno anterior y se iba a titular de nuevo Cosas que no quiero compartir con nadie. El puente que une las explanadas con la Alcoholera iba a ser uno de los grandes protagonistas pero ahora lo será por otra cuestión, que es la de reivindicar algo que ocurre a diario en todas las ciudades y a lo que habría que poner freno. Esta mañana iba dispuesta a inmortalizar la imagen que, bajo mi punto de vista, explica el por qué me gusta esta moderna infraestructura, construída en nuestra ciudad desde finales de 2010. Pero lo que prometía ser un tranquilo paseo para disfrutar de este gran día de sol y temperaturas agradables se ha convertido en un triste choque de frente con una realidad que hasta entonces desconocía. 

En 2006 cumplí muchos sueños. Había terminado Periodismo, ya había realizado prácticas en diferentes medios de comunicación y surgió la oportunidad de mi primer contrato laboral como profesional. A partir de ese momento ya no solo significaba que me pagarían por hacer lo que más me gusta y que cotizaría como profesional, sino lo más importante, por fin tendría libertad para crear un programa de la nada, tener grandes responsabilidades y aprender constantemente y más abiertamente de mi vocación. Y a esa ilusión le continuarían otras muchas más así como muchos más sueños cumplidos.

Pasaron los años y llegó lo que para mí tuvo una importancia crucial en mi vida como periodista. Me convertí en presentadora de un programa semanal de televisión y en presentadora de un programa musical de radio. Lo disfruté al máximo, como se saborean esos dulces sueños de una noche de verano. Como cuando llegas a ese punto en el que los instantes de felicidad y satisfacción personal te hacen dudar si lo que estás viviendo es un sueño o es realidad. 

Al comienzo me ceñí a lo que me dijeron. Presentaciones en plató y reportajes en la calle. Luego te das cuenta que tu vocación y el vivir intensamente tu trabajo te guían irremediablemente a la creación. Empecé a seleccionar lugares que me gustaban o a dejarme aconsejar sobre los mejores sitios para enmarcar una presentación a los diferentes contenidos. Uno de esos lugares escogidos fue el, por aquellos tiempos, recientemente construido puente de las explanadas que conectaban dos zonas muy arraigadas de la historia de mi ciudad, Motril. Desde que lo vi me enamoró y presentar desde allí uno de los programas de En Movimiento, que así se llamaba, fue una de las cosas más bonitas que hice durante mi periodo en la televisión local. 

Cuando escribí el post Cosas que no quiero compartir con nadie, una idea que ya utilizó el escritor de Manual de un buen vividor y me encontré con esa buena acogida que tuvo entre los que leéis mi blog, dejé la puerta abierta a una futura publicación de más cosas que para mí han supuesto algún impacto a nivel emocional o personal en mi vida. Llevaba ya mucho tiempo detrás de esta imagen. La cual sería perfecta para protagonizar la secuela.





Pero cuando he pasado por el puente para hacer fotos sobre la pasarela y que se apreciaran las vistas antes de bajar a por mi objetivo, que era la imagen de arriba, me he llevado una desagradable sorpresa. El primer impacto ha sido al ver una valla frente a uno de los huecos donde se suponía debía estar uno de los grandes y centrales cristales de la infraestructura.



Me paro a una distancia prudencial (pues a cinco metros hay una carretera con un tráfico constante y da algo de vértigo e impresión asomarse mucho) con mi cara de asombro que se acentúa cuando más adelante, ya casi al final del puente, veo otra valla protegiendo otro de los cristales desaparecidos. 

Mi asombro por lo que estoy viendo se acrecienta cuando una vecina de las Explanadas me cuenta que los servicios de mantenimiento instalaron las vallas hace dos días y que lo de romper los cristales de la infraestructura se ha vuelto algo habitual. De manera premeditada hay una persona o personas que se dedican a romperlos por deporte. Y desde esta mañana no hago más que preguntarme, a parte del horror que produce el que haya gente que por dios sabe qué decida delinquir contra el entorno, cómo alguien pone en riesgo de esa manera la vida de los conductores y peatones que pasan por debajo de la pasarela o incluso su propia vida ya que pueden herirse ellos mismos.

Para informar sobre su inauguración, el pasado Julio de 2011, el diario Granada Hoy la describió en su titular como una futurista pasarela que revoluciona el modelo arquitectónico de la ciudad y prácticamente todos los medios locales coincidían en calificarla de vanguardista. El proyecto, según informaron en su día también desde Ideal.es tuvo un presupuesto de 600.000 euros, dinero financiado con los fondos del Plan Proteja de la Junta y supuso uno de las obras "estrella" del gobierno municipal.

Lo tengo comprobado por todas aquellas personas con las que he hablado sobre él en varias ocasiones. El puente o te gusta o te horroriza, no existe término medio. Lo que más sorprendió de su construcción y que sigue llamando la atención de visitantes, es su estructura metálica y su moderno diseño basado en hexágonos, pensado por los arquitectos responsables Vicente Guallart y Ángel Gijón. 



Indudablemente las vistas de toda la vega, la playa y la vista de la antigua chimenea de la Fábrica de azúcar de la Alcoholera es otro de sus grandes atractivos. Lástima que haya quien en vez de disfrutarlos y respetarlos decida hacer daño de esa manera.Los atropellos que se han cometido contra la pasarela, sobre todo a mano de unos delincuentes del mobiliario urbano que no tienen mejor distracción que ir destrozando aquello que encuentran a su paso no tiene calificación alguna. 

¿Cómo parar este tipo de gamberradas?¿Qué valores debemos inculcar para evitar esta clase de incidentes?¿por qué las instituciones no INFORMAN sobre este tipo de sucesos para que se tome conciencia?¿quizá sería necesaria más vigilancia y más información?. Me surgen demasiadas preguntas. La pasarela es solo un ejemplo, hay más actos delictivos que quedan impunes. Y, lo que aún es más grave, ¿qué pasa con los conductores y peatones si en ese momento tienen la desgracia de sufrir un accidente por culpa de unos delincuentes que acuden a hacer el mal para entretenerse?.

Informar de lo que ocurre y darle su sitio a los que atentan contra lo que es de todos es necesario. Salvemos la pasarela. Salvemos nuestro entorno. No se trata solo de poner un cristal nuevo, se trata sobre todo de prevenir que no vuelva a ocurrir. 



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